En un hermoso pueblo rodeado de montañas, junto a un bosque fértil y un gran río, nació una niña tan hermosa como la Luna y tan rebelde como el viento en una tormenta. Su nombre era Kantu(Flor), hija de una doncella, cuyo padre era un miembro de la nobleza inca, y de un guerrero del antiguo imperio. El amor de sus padres era prohibido, porque su madre estaba destinada a casarse con el hermano de su padre, para mantener el buen estrato familiar. Pese a ello, ella e enamoró perdidamente del joven guerrero y consumaron su amor en la ladera del río, junto a un árbol de duraznos y bajo la mirada de la Mama Quilla (Madre Luna). La noticia llegó a oídos de su padre y tras esta ofensa mandó a matar al valiente joven y al calabozo eterno a su hija. El Apu Ausangate, deidad suprema de la montaña, conocido por ser el más bueno de todos, la miró sollozar del dolor por la pérdida de su gran amor y de la desdicha del futuro bebe que llevaba en el vientre. Por eso pidió ayuda a la sabia Quilla para que le arranque el sufrimiento a la pobre joven, ella conmovida le pidió permiso a la Pacha Mama (Madre Tierra) para que le permita ayudarla. Con la anuencia de esta, ordenó a Wayra (viento) que la trasportara al lugar más bello del bosque y la transformara en la más bella Orquídea hasta el día en que su bebe deba de nacer.
Y así se cumplió, meses después, nació la pequeña Kantu (Flor) y el espíritu de su madre abandonó el mundo terrenal para descansar, eternamente, al lado de su amado. La pequeña estaba dotada de una absoluta belleza física, ya que tenía la piel color canela, sus ojos claros como la miel y su cabello era negro como la noche. El Apu bondadoso miró con ternura a esta niña, pero se encontraba huérfana, entonces entró en el sueño de un pastor llamado Ángel, que vivía cerca del lugar junto a su esposa llamada Libia. En su sueño el Apu le pidió que lo siga, porque importante misión que cumplir. Cuando llegaron al lugar en donde se encontraba la recién nacida, el gran Ausangate le pidió,” Tú y tu esposa críen a esta niña como si fuera suya y entréguenle todo el amor posible, si lo hacen de corazón siempre contarán con la mayor dicha y bendiciones”. Ángel conmovido con el dulce gesto del Apu y hacia la bella niña prometió solemnemente que él junto a Libia cuidarán de ella con todo el amor del mundo de unos padres hacia su única hija. El Apu, satisfecho y feliz, sopló el rostro del humilde hombre y lo despertó.
Ángel vio que estaba en su cuarto y notó que la pequeña estaba en sus brazos. Despertó a Libia para contarle lo que le había ordenado el gran Apu, luego de ello abrasaron a la bebe y le pusieron de nombre Kantu, porque fue hallada al lado la de una hermosa flor marchita.
Pasaron 20 años, y la joven tenía un carácter fuerte y rebelde; su familia tenía una mejor posición económica, ya que eran dueños de una gran Panadería dentro de la ciudad y su hija era famosa por la buena sazón de sus postres y la belleza física que siempre tuvo, pero no ocasionaba envidias, ya que siempre era muy humilde con todos. Era cortejada por muchos, pero a ninguno hacia caso, porque ella prometió a la madre Quilla no ser de hombre alguno, a menos que este sea digno de su amor. Su fama era tal que llegó a oídos del poderoso Supai (Diablo) rey de las tinieblas y amo del pecado; él tenía un hijo llamado Geraldo, que fue producto de la brutal violación que el amo de las tinieblas infringió hacia la hija del Apu Qañaqway, deidad que domina las tormentas, que murió por la violencia del hecho. Su padre maldijo este acto y provocó lluvias torrenciales dentro del infierno, pero dándole a su nieto el carácter noble y bueno de su difunta madre.
Una noche, el terrible Supai entró, a medianoche, a la casa de Kantu en forma viento estrepitoso y tras el pavor de sus padres, se dirigió a estos y les dijo, “Oh humildes hombres, si quieren que la paz que los rodea siga en pie, me entregarán a su bella hija para que sea la esposa de mi primogénito”. Y tras oír estas palabras, Kantu salió de su alcoba riéndose y le respondió, “Por mas amo de las tinieblas que seas, tú me das risa y ni un poco de miedo, retírate que tus deseos nunca se cumplirán, pero hay de ti que quieras hacernos daño, porque tu castigo será peor que tu estúpido mandato”. El Supai la miró ofendido, se dio la vuelta y se retiró. Cuando llegó al infierno, la ira le brotaba de los ojos y le dijo a su hijo, “Ya es hora de que demuestres ser un hombre, sube a la tierra y conquista a esa joven insolente, hasta que ella este colmada de amor por ti.Deshónrala y después abandónala para que sea la vergüenza de todo el pueblo”. Luego de oír esto su noble hijo obedeció y subió a la tierra.
Al día siguiente, él llegó al pueblo y se hizo pasar por un comerciante de frutas que inmediatamente, con su buena labia, atrajo a todos los compradores y su belleza física fue lo que llamó la gran atención de todas las mujeres del pueblo, incluyendo a la rebelde repostera. Él tenía una contextura atlética, su piel clara, el cabello de un tono castaño oscuro y sus eran ojos verdes como las hojas del bosque. Geraldo notó la mirada de Kantu y le dijo, “Bella doncella le gustaría probar mis frutas, el hombre que las cosechó dice que el mismo Inti (Sol) las ha bendito por su suculento sabor”. Ella lo miró sorprendida y le dijo, “que interesante déjeme decirle, ¿sabe que mis panes también son benditos?, porque los rayos del gran Inti están sobre ellos justo en este momento, así que si desea comer panes sagrados cómpreme que lo colmará de bendiciones”. Luego de ello, todo el pueblo se echo a reír y la pícara joven siguió su camino. Geraldo la miró e inmediatamente terminó enamorado de la atrevida repostera.
Varios días después, Kantu tenía que ir al bosque a buscar un árbol de cacao para sus pasteles de Chocolate. En el camino se le apareció un zorro que le pidió ayuda para que libere a su amigo que estaba sobre un árbol, ya que un terrible puma se lo quería comer. La joven lo siguió y cuando llegó al lugar, el puma la miró con una gran sonrisa en su rostro y el zorro que estaba en el árbol bajó de allí para acorralarla. La doncella no demostraba su pavor luego de caer en la trampa, ella agarro unas piedras y empezó a tirarles, pero los tres las esquivaban acercándose cada vez más. Kantu se dio cuenta que estaba al borde del río y justo cuando el puma salto para morderla, ella se lanzo a las bravas aguas sin darse cuenta de que Geraldo ya lo había matado de un disparo, los zorros huyeron despavoridos. El joven corrió por la orilla del río y se lanzó para salvarla, el Apu Ausangate estaba cerca y apropósito dejó caer un árbol que les sirvió de escape de las bravas aguas. El Apu cuando los vio seguros en tierra, desapareció. Kantu miro Geraldo sorprendida y lo beso en los labios, luego ella se sonrojo tanto que parecía un tomate bien maduro y cuando salió de su encandilamiento, lo empujo y le dio un golpe en el vientre. El joven cayó al piso de dolor y ella lo miro y le dijo, “ Jamás había besado a hombre alguno y no sé porqué usted me ha gustado mucho, a pesar de ser un parlanchín de medio pelo”. Él en el piso aún con dolor le respondió, “Lo mismo le digo ,bella Kantu, su belleza me ha enamorado por completo ;si me permite, quiero ser el hombre que la llene con todo el amor que yo le pueda entregar, pero este golpe no era necesario”. Luego, ella sonrió ayudándolo a pararse, le dio otro beso y después le dijo,”si mi destino eras tú, que así sea, porque desde el primer día que te vi, no solo me gustaste, sino me enamoré de ti completamente”.
Pasaron meses de romance, en que los dos jóvenes a espaldas de todos se encontraban secretamente, hasta el día en que Geraldo decidió contarle la verdad de su procedencia a su amada Kantu, porque no tenía ninguna intensión de hacerle el mínimo daño. En la más bella noche de luna llena, bajo un árbol de duraznos y al pie de un río, curiosamente el mismo lugar en donde los verdaderos padres de Kantu consumaron su amor, el joven le dijo, “¡Perdóname amada mía!, pero hay algo de mí que aún no sabes, pero es hora de que lo sepas”, la doncella sorprendida le pidió que le dijera que lo acongojaba. Geraldo tomó aire y dijo, “Soy el hijo del gran Supai, él me mando a enamorarte, desdicharte y abandonarte, como venganza a la ofensa que una vez le cometiste. Pero querida mía, no puedo hacerlo, porque te amo más que nada en el mundo y no me interesa darle la contra al mismo rey de las tinieblas sólo quiero tenerte completamente feliz a mi lado por siempre”. Kantu lo miró algo sorprendida, pero luego su mirada se lleno de ternura y le dijo, “¡Ay orate!, tu padre no te dijo que no le tengo miedo y sabes que no me interesa hijo de quien seas, lo que sí me importa es lo que tú eres para mí, que es ser el hombre digno que mi corazón eligió”. Él la besó y consumaron su amor en ese mágico sitio. Esa misma noche decidieron casarse y comunicarle al pueblo la grata noticia.
En la noche del día siguiente, el pueblo entero celebraba la noticia de la boda de los jóvenes. De repente, el malévolo Supai se apareció, lleno de ira, en medio de la fiesta y durmió a todos los aldeanos de un soplo, menos a los jóvenes y a los padres de Kantu que ni bien vieron al Supai huyeron al bosque en busca del Apu Ausangate, para pedirle ayuda. Con una voz burlesca dijo, “En verdad eres un hombre, mi niño Geraldo, para darme la contra a mí tu propio padre, lamentablemente yo no te envié a que te enamoraras de ella, es por esto que debo matarte, ya que ningún descendiente mío puede tener ese gran corazón que posees, querido”. Kantu le dijo, “si quieres hacer eso tendrás que matarnos a los dos”. Geraldo la miro y la abrazo fuerte y justo cuando su padre les iba arrancar sus almas. La tierra empezó a temblar, era la Pacha Mama que ordenó a los arboles que lo amarren con sus raíces; la Mama Quilla, ordenó al Apu Ausangate que, “junto con las demás deidades de los cerros, castiguen al Supai encerrándolo en las mazmorras y que las almas condenadas lo flagelen, hasta que él esté arrepentido de corazón por haber deseado la muerte de su propio hijo, solo por desobedecer su estúpido mandato. El Supai cayó a su reino y allí permaneció.
Kantu y Geraldo, al fin, eran libres y tras ser salvados por las deidades, estas los bendijeron para que su amor nunca se agote y se retiraron. Los jóvenes lloraron de la alegría, agradecieron su ayuda y prometieron siempre venerarlos. Al mes siguiente, Kantu y Geraldo se casaron llenos de amor y decidieron vivir en una casa al lado de un árbol de duraznos, junto al río y justo donde la gran Quilla brilla, cuando llega la noche.
4 comentarios:
Bueno, este cuento fue el que presente en el concurso de mi universidad llamado JUEGOS FLORALES, el día de mañana entregaran los resultados ahhhhh toy nerviosa, pero si no gano nada no importa lo importante es que lo intente y que a ustedes le guste mi arte. GRACIAS.
Bueno ¿Qué les parece mi primer cuentito?
uno dos tres, probando probando..
hahhaha kien ha escrito uno dos tre provando hahaah so el cuento de uno a diez = 8 esa es mi opynion
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